Date:noviembre 23, 2015

EL AUTOMALTRATO

“Me encuentro muchas veces machacándome a mí mismo sin piedad, es como si a veces solo supiera exigirme y criticar lo mal que hago las cosas”

La baja autoestima está relacionada con la forma en la que la persona se percibe a sí misma. Normalmente la baja autoestima proviene de un sistema familiar-social donde la persona fue desvalorizada, rechazada o sometida  sin haber tenido la capacidad de defenderse.

automaltratoFruto de estás interacciones traumáticas la persona se fue desconectando de sus capacidades y recursos innatos;  fue albergando en su interior la creencia de que no era válido, de que era peor que los demás  o le faltaba algo.  Esta devaluación de uno mismo puede proyectarse  hacia áreas muy específicas: él físico, la inteligencia, la memoria, la relación con los demás…Sin embargo, suele existir un sentimiento de fondo de no ser digno de amor o ser defectuoso.

Para entender esta percepción es necesario explorar la infancia de la persona y como fue integrando los mensajes mandados por las figuras de parentales y de autoridad.  En algún momento de su crecimiento el niñ@ entendió que se le calificaba negativamente y que este juicio iba dirigido hacia su esencia como persona y no hacia su comportamiento.

Con el tiempo y la reiteración de la crítica el niñ@ se va identificando cada vez más  con la mirada que percibe del devaluador externo, (ya fueran los padres, profesores, ,hermanos…etc.). El fruto de esta interiorización es la creación de una estructura psíquica a la que denominaré “crítico interno”, y que desprecia todas las acciones de la persona

Desde este lugar se minimizan los triunfos, ya que estos son rápidamente reabsorbidos y filtrados por este crítico interno: “No te hagas ilusiones, has tenidos suerte  y ya está….”, “No lo hiciste del todo mal, pero pronto fallaras…” “No te esfuerces, es imposible que lo logres…”

Si la persona no tiene recursos o apoyos adecuados durante su vida el efecto del crítico  interno se hace cada vez más patológico. Se acaba  convirtiendo  en una especie de “dictador” que quiere progresivamente controlar todas las áreas del individuo.

Si por ejemplo, la persona  sólo se sentía al principio limitada en su relación con los demás  y de pronto suspende un examen,  este dictador interno podría también apropiarse de éste área de la vida,  haciéndole creer que tampoco es capaz de valerse por sí mismo en lo académico.

En su estado más extremo puede hacer sentir a la persona incapaz de valerse por sí misma,  lo que  podría desencadenar  en una profunda depresión y en actos suicidas.

A nivel terapéutico en un primer momento se ayuda a la persona a que tome conciencia de esta dinámica de autodestrucción.  Cuando la persona es capaz de poner un nombre a lo que le sucede, a su “agresor interno” aparece el primer resquicio de libertad.

A medida que  el proceso terapéutico avanza la persona se va haciendo consciente de como se ha hecho daño a sí mism@ y emerge una nueva actitud. A veces podríamos llamarlo compasión, otras un grito de dignidad. El caso es que la persona por fin es capaz de ver la “masacre” que ha estado causándose a sí mism@.

Este momento es de vital importancia, en tanto que supone un punto de inflexión en la forma en la que la persona se relaciona con ella mism@. Después de años de automaltrato aparece una perspectiva diferente que permite a la persona contemplarse con mayor bondad y ecuanimidad.

Quizás lo más revolucionario que encuentro a nivel terapéutico es que la solución no pasa (como quizás se habría pensado) por eliminar al crítico interno. En mi experiencia como psicólogo me he dado cuenta que no existe la “maldad pura” dentro de nuestra psique. Este crítico interno no es el enemigo aunque lo parezca. He visto a muchas personas tratando de combatir al crítico frontalmente con muy malos resultados ya que éste vuelve a rearmarse cuando la persona comete un error (y tarde o temprano siempre lo comete).

Para mí lo importante a nivel terapéutico es llegar a conocer bien a esta figura maltratadora, conocer sus miedos, sus necesidades, sus anhelos  y aspiraciones.  No se puede acabar una guerra en nuestro interior empezando otra guerra. Así pues, la resistencia contra el  crítico hace que la guerra persista;  la aceptación y el diálogo interno facilita la transformación y el establecimiento de un nuevo orden interno.

Si tenemos la suficiente amplitud de miras (algo que se trabaja en terapia) podemos llegar a convertir a este crítico en un aliado que nos puede ser muy útil. Lo que antes era exigencia , presión  y tiranía es sustituido por autoapoyo y comprensión. Cuando aprendemos a mirarnos con ternura  y compasión ante nuestros “grandes fracasos” podemos tener la oportunidad de cambiar.  El foco de la psicoterapia radica en  la necesidad de forjar una amistad incondicional de la persona consigo mism@.

Ignacio Parra Viudes.
Psicólogo y Psicoterapeuta Gestalt. Nº Colegiado 23109
www.psicologomajadahonda.net