Son múltiples los motivos por los que una persona o una pareja puede acudir a consulta: rupturas, dependencias emocionales, conflictos de convivencia, celos… 

Las relaciones de pareja pueden suponer un desafío personal a múltiples niveles. Cuando se crea un vínculo de gran intimidad con otra persona aparecen también nuestras partes más vulnerables. El amor si bien representa un espacio para sanar y redimirnos de muchas heridas del pasado también nos puede confrontar con un inmenso dolor y desasosiego. Cuando nos decidimos a entrar en una relación de pareja normalmente albergamos diversas expectativas e ideas de lo que el otro debiera aportarnos. Habitualmente esperamos que el otro satisfaga nuestras necesidades y que nos aporte todas aquellas expectativas que teníamos del amor. Compañerismo, seguridad, complicidad, apoyo, intensidad, diversión…Es frecuente que al principio de una relación veamos muchas de estas necesidades satisfechas, sin embargo con el tiempo las cosas pueden cambiar.

A medida que avanza la relación con una persona la realidad que percibimos sobre la otra persona suele ir cambiando. Lo que en un principio nos parecía maravilloso, puede con el  tiempo resultarnos indiferente o incluso generarnos rechazo. Aquello que no representaba ningún problema al empezar la relación se puede convertir en un verdadero conflicto al cabo de un tiempo.

Las dinámicas de interacción de una pareja pueden volverse muy complejas y destructivas. A pesar de los intentos de ambos miembros por arreglar la situación el malestar puede mantenerse de forma indefinida.  Esto sucede cuando los motivos reales por los que se genera el conflicto se mantienen en el inconsciente y pasan desapercibidos.

Dentro de una pareja suelen aparecen una serie de factores  determinantes para entender las dinámicas conflictivas, veamos resumidamente las principales:

La  necesidad de autonomía y nutrición externa: es importante que cada miembro de la relación encuentre otras fuentes de nutrición al marcen de la propia  pareja.  Cuando una relación trata de mantener su conexión exclusivamente entre los miembros de la pareja esta se acaba “quemando” por agotamiento. Surge el concepto de “sistema cerrado” como un espacio afectivo donde no pueden entrar otras fuentes de enriquecimiento. Cuando los miembros de la pareja no pueden acceder a otras fuentes de desarrollo personal suelen aparecer tarde o temprano dificultades en la relación.

El  equilibrio de poder: es frecuente observar en muchas parejas con dificultades que hay importantes desequilibrios en algunos ámbitos de la relación. Los desequilibrios pueden darse en múltiples áreas: económica, sexual, emocional, familiar, académica, cultural… Si uno de los miembros tiene un poder desproporcionado sobre la otra persona es posible que esto acabe creando  tensión en la relación.

El desencuentro en la intimidad: uno de los aspectos más relevantes de una relación de pareja es que  los miembros puedan satisfacer las necesidades sexuales y emocionales. Es frecuente que uno de los miembros tenga una mayor necesidad sexual o emocional mientras que la otra persona se mantenga en una posición más fría o distante. Si estas necesidades no se satisfacen, (al menos parcialmente) suelen ser fuente de tensión y de conflicto. Muchas veces detrás de  las muestras de hostilidad y distanciamiento están  ocultas la insatisfacción sexual o emocional.

La necesidad de seguridad: la pareja en su estado sano representa un espacio de seguridad, en el que cada miembro puede acudir para pedir apoyo y regularse emocionalmente. La confianza, en el marco de una relación de pareja, es algo que va construyéndose con el tiempo. A medida que los integrantes de la relación se muestran fiables en lo que sienten, dicen y hacen aumenta la percepción de seguridad. Cuando alguno de los miembros de la pareja pierde esta coherencia o integridad la otra persona puede empezar a desconfiar  que hay una “conexión segura”. Como consecuencia de ellos es frecuente que aparezcan síntomas como celos, suspicacia y conductas defensivas.

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