SECUELAS CORONAVIRUS:

El impacto del Coronavirus está suponiendo  para muchas personas un desajuste emocional  de enormes dimensiones. En muy poco tiempo la realidad tal y como la conocíamos ha cambiado completamente.

La época que vivimos es especialmente delicada y supone un importante factor de vulnerabilidad emocional. Diariamente nos enfrentamos a un estrés adicional que supone el tener que estar en guardia ante una posible infección. Si en nuestras vidas ya había una dosis de estrés cuando añadimos el factor de la tensión ante el Coronavirus nuestro estado interno puede verse sobrepasado. 

El Coronavirus puede implica un riesgo emocional por varios factores: 

  1. Nos coloca en en una situación de predisposición a la defensa y a la protección por lo que puede fomentar la vivencia de inquietud y miedo. 
  2. La situación a día de hoy no tiene una resolución definida por lo que mentalmente no podemos proyectar el final de la tensión. Esto agrava la sensación de estrés e inquietud. 
  3. Nuestros recursos de afectividad y socialización se han visto limitados en gran medida. La afectividad y la diversión cumplen una función de  regular y calmar nuestro sistema nervioso ante las amenazas por lo que también nos vemos más expuestos al estrés…

 A modo de resumen sintetizo los tres aspectos nucleares que más malestar están causando:

IMPOTENCIA Y VULNERABILIDAD HUMANA

  • ¿Cómo nos puede estar pasando esto con lo evolucionados que estamos?
  • ¿Por qué no se ha encontrado aún la vacuna?

INCERTIDUMBRE SOBRE EL FUTURO

  • ¿Cómo va a ser el mundo a partir de ahora?
  • ¿Cómo me va a repercutir esto en mi vida y la de mis seres queridos?
  • ¿Habré pasado ya la enfermedad?
  • ¿Me podré adaptar a la situación venidera?

ALARMA MANTENIDA

  • ¿Y si ahora que salimos del confinamiento nos contagiamos?
  • ¿Podré vivir segur@ de ahora en adelante?
  • Si llegara a enfermar… ¿seré uno de los casos graves?
  • ¿De verdad esto va a acabar algún día?

Todos estos interrogantes suponen una carga de inquitud que fuerzan a muchas personas a salir mucho más allá de su “zona de confort”.  Este escenario, que parece salido de una película de ciencia ficción,  implica un desafío de  adaptación a múltiples niveles: psicológico, emocional, fisiológico y social…

Cuando la carga de estrés es demasiado intensa  nuestro sistema nervioso se ve sobrepasado  y se activa el estado de  “supervivencia”  en el organismo.  Esta forma de funcionar, si bien es un mecanismo  de defensa, cuando se prolonga en el tiempo  genera múltiples secuelas emocionales. Veamos algunos de los síntomas más frecuentes que pueden estar provocando:

  • Hipercontrol y estado de alarma constante
  • Ansiedad generalizada, pensamientos catastróficos y preocupación constantes
  • Insomnio y dificultad para conciliar el sueño.
  • Irritabilidad, conflictos en la convivencia y enfados desproporcionados:
  • Estados de baja energía: Apatía, tristeza, fatiga, desgana, impotencia.
  • Tendencia al aislamiento:
  • Síntomas agorafóbicos, fobia y angustia ante la idea de salir de sus casas por miedo a un contagio.
  • Desorientación general: bloqueo, dificultad para centrarse en las obligaciones y tomar decisiones, dispersión , olvidos frecuentes.

Si te sientes desbordado por la situación recuerda, no tienes que afrontar estos momentos solo. 

¿Hablamos?

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