CUANDO AMAR SE SIENTE COMO ASFIXIA


El miedo al compromiso en el apego evitativo y el arte de huir de la profundidad emocional

Una mirada corporal, afectiva y experiencial para comprender por qué algunas personas aman… pero no saben quedarse.

En muchas relaciones, el miedo al compromiso no nace de la falta de amor, sino del terror a perderse a uno mismo dentro del vínculo. No es un “no quiero”, es un “no puedo sin sentir que me ahogo”.
Para las personas con apego evitativo, amar no siempre se vive como refugio: muchas veces se experimenta como invasión, como pérdida de autonomía, como riesgo de desaparecer en el otro.

Este miedo no es solo psicológico. Es neurobiológico, corporal, somático. Se manifiesta en la respiración, en el tono muscular, en la urgencia de espacio, en el impulso de cerrar cuando el otro se acerca demasiado.

EL CUERPO SIENTE PRIMERO: LA ANGUSTIA DE ENTREGARSE

Cuando la intimidad emocional aumenta, el sistema nervioso del evitativo suele activarse en modo defensa:

  • Opresión en el pecho
  • Respiración corta
  • Tensión en cuello y hombros
  • Necesidad urgente de distancia
  • Irritabilidad o desconexión súbita

No es rechazo consciente. Es supervivencia aprendida.

En su historia temprana, el contacto profundo pudo estar asociado a inconsistencia afectiva, falta de sintonía emocional, cuidado impredecible o sensación de tener que arreglárselas solo. El cuerpo aprendió:
“Depender duele. Sentir mucho es peligroso. Mejor no necesitar demasiado.”

DOSIFICACIÓN AFECTIVA: AMAR A INTERVALOS PARA NO DESBORDARSE

El evitativo no suele amar poco. Ama a pulsos. Se acerca, se asusta, se retira, vuelve cuando se regula, se vuelve a ir cuando la emoción sube.

Esta dosificación no es manipulación: es autorregulación nerviosa. Su sistema aún no sabe cómo sostener cercanía sin sentir amenaza de pérdida de control. Para él o ella, parar antes de sentirse vulnerable es una forma de protegerse del desborde interno.

AMBIGÜEDAD Y AMBIVALENCIA: LA LIBERTAD COMO ZONA SEGURA

Frases como:

  • “No sé…”
  • “Ya veremos…”
  • “Depende…”
  • “No quiero poner etiquetas…”

No son juegos de poder. Son refugios somáticos.

La indefinición protege de sentirse atrapado, exigido, evaluado o emocionalmente comprometido. La ambivalencia es su territorio de seguridad: un espacio donde aún no hay demanda, donde no hay que decidir, donde no hay que entregarse del todo.

HIPERSENSIBILIDAD A LAS DEMANDAS: CUANDO EL COMPROMISO SE VIVE COMO OBLIGACIÓN

Una pregunta sencilla como “¿qué sientes por mí?” o “¿cómo ves nuestro futuro?” puede ser vivida internamente como:

  • Invasión
  • Pérdida de libertad
  • Riesgo de quedar atrapado
  • Exigencia de rendimiento emocional

El cuerpo reacciona antes que la mente. Aparece cierre, retirada, frialdad, irritación. No porque no importe el otro, sino porque el sistema nervioso interpreta la demanda como una amenaza a su autonomía.

LA SUPERFICIALIDAD EMOCIONAL: CONVERSAR SIN ENTRAR, CONECTAR SIN TOCAR

Aquí aparece uno de los rasgos más incomprendidos del apego evitativo: la tendencia a mantener las conversaciones afectivas en la superficie.

No porque no sienta.
Sino porque sentir profundamente activa su sistema de alarma.

Entonces:

  • Lleva las conversaciones a lo práctico o cotidiano
  • Intelectualiza las emociones
  • Usa humor para desviar
  • Cambia de tema cuando surge vulnerabilidad
  • Evita hablar del “nosotros”, del futuro, del vínculo
  • Responde con frases breves cuando la emoción se intensifica

La pareja suele sentir:
“Le hablo, pero no llego.”
“Conecto, pero no profundizo.”
“Está, pero no se entrega.”

La superficialidad no es frialdad. Es protección. Para el sistema nervioso evitativo, bajar a la intimidad emocional es como entrar en un territorio sin mapas: puede sentirse como pérdida de control, miedo a ser absorbido, pánico a depender, terror a no poder sostener lo que emerge.

Por eso se queda en lo mental, en lo seguro, en lo que no implica desnudez interna.

EL ORIGEN: CUANDO EL AMOR FUE INSEGURO

Detrás de este patrón suele haber:

  • Cuidadores emocionalmente ausentes o impredecibles
  • Necesidades no sintonizadas
  • Aprendizaje temprano de autosuficiencia
  • La creencia implícita de que “necesitar es peligroso”

El cuerpo concluyó:
“Me acerco, pero no demasiado.”
“Amo, pero no me entrego del todo.”
“Siento, pero no me muestro vulnerable.”

DEL MIEDO A LA FUSIÓN AL ARTE DE LA PRESENCIA

La sanación no ocurre solo por comprender, sino por reeducar al sistema nervioso para que la cercanía deje de ser amenaza.

Aprender a:

  • Regular el cuerpo en presencia del otro
  • Entrar en la intimidad en pequeñas dosis seguras
  • Poner palabras a lo que se siente antes de cerrarse
  • Experimentar un vínculo sin persecución ni invasión

El evitativo no teme amar.
Teme perderse en el amor.

El verdadero camino no es forzarlo a comprometerse, sino ayudarle a descubrir que puede estar cerca sin desaparecer, que puede amar sin perder autonomía, que puede profundizar sin quedar atrapado, que puede entregarse sin traicionarse.

Cuando el cuerpo aprende esto, la superficialidad deja de ser necesaria. La huida se transforma en presencia. La distancia, en elección consciente. El miedo, en capacidad real de vínculo.

DARTE UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Si al leer esto te has reconocido —como persona evitativa o como quien ama a alguien con este patrón—, no es casualidad.

Tu sistema nervioso no está roto.
Está protegiéndose con estrategias que un día fueron necesarias.

El trabajo profundo no es cambiar tu forma de ser, sino aprender a sentirte a salvo en la cercanía, a habitar la intimidad sin que tu cuerpo entre en pánico, a amar sin tener que huir.

En el acompañamiento individual desde una mirada somática y vincular, este camino se recorre respetando el ritmo del cuerpo, reparando las memorias tempranas y construyendo una nueva experiencia interna de seguridad en la relación.

No se trata de forzarte a comprometerte.
Se trata de que tu cuerpo aprenda, por fin, que puede quedarse…
sin dejar de ser él mismo.

 

Ignacio Parra

Psicólogo Sanitario, Terapeuta Gestalt.  Experto en apego y regulación somática.

Nº colegiado 23109

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