MIEDO A LA INTIMIDAD EMOCIONAL

Manos que buscan tocarse con intimidad emocional pero que tiene miedo

¿QUÉ ES LA INTIMIDAD EMOCIONAL?

La intimidad emocional es la capacidad que tenemos de mostrarnos de una forma auténtica con nosotros mismos en una relación. Esto implica poder actuar, pensar o sentir sin miedo al juicio o la reacción del otro.

La intimidad emocional es la base de seguridad entre dos o más personas sobre la cual se puede desarrollar relaciones espontaneas, cercanas y nutritivas. Supone no tener que ocultar o restringir nuestra propia naturaleza, pudiendo compartir tanto nuestras partes más vulnerables y tiernas como nuestros instintos de protección.

¿POR QUÉ SURGE EL MIEDO A LA INTIMIDAD EMOCIONAL?

Como seres humanos anhelamos el cariño, la cercanía y el amor de otros. Esto es algo que nos nutre y nos permite disfrutar más de las relaciones.

Sin embargo, en muchas personas este sentimiento de intimidad emocional está teñido con una capa de miedo e inseguridad.

La razón de esto surge porque muchas veces cuando las personas han buscado la experiencia de cercanía y afecto en sus vidas acto seguido han recibido algún tipo de agresión. Estos “ataques emocionales” son tanto más fuertes cuanto más desprotegidos estuvimos en el momento en que sucedieron. Indudablemente el periodo de nuestra vida donde somos más vulnerables y desprotegidos coincide con nuestra niñez.  Son múltiples las formas en las que hemos podido recibir estos “ataques emocionales”:

  • Ser rechazado, criticado, desvalorizado, comparado con otros.
  • Haber sido engañado, manipulado o traicionado.
  • Experimentar humillación, sometimiento, ensañamiento.
  • Recibir la indiferencia, abandono, la ausencia de afecto.

Al haber experimentado estos ataques justo cuando nos estábamos más desprotegidos a los demás crea una asociación entre la vivencia de la intimidad emocional y un sentimiento traumático de peligro. Cuando esta asociación se repite en el tiempo la persona llega a interiorizar en su interior: “Las relaciones son peligrosas, si te muestras te harán daño”.  La persona queda así traumada en su capacidad para mostrarse a los demás.

CONSECUENCIAS DEL MIEDO A LA INTIMIDAD EMOCIONAL

El efecto más notorio de haber recibido estos ataques emocionales es que sentimos una experiencia de alerta y tensión cuando vamos a dar o recibir algún tipo de afecto. En el momento en que una situación se acerca a un plano afectivo nuestro sistema nervioso experimenta amenaza.  Cuando somos niños pequeños los ataques emocionales generan la misma repercusión que si hubiéramos recibido un ataque físico. El resultado de esto es que pasamos del deseo de amor y cercanía a una experiencia de supervivencia. Una vez que nos sentimos amenazados podemos pelear, huir o escondernos, pero ya no nos atrevemos a volver a mostrar nuestros sentimientos.

Todos en mayor o menor medida tenemos un grado de trauma emocional en lo referente a las relaciones.  Exponerse tal cual somos en las relaciones siempre conlleva una dosis de riesgo en tanto que puede activar las viejos ataques emocionales del pasado.

Cuanto más fuerte sea el trauma en las relaciones mayor será la dificultad para la persona de mostrarse tal y como es, (incluso con sus seres más queridos).

El bloqueo de la intimidad podría darse a varios niveles:

  • Social: evitando relacionarse con otras personas o solo con algunas muy delimitadas.
  • Emocional: Tratar de no mostrar o sentir emociones. La persona puede negar, distorsionar o insensibilizar sus emociones.
  • Sexual: Evitando por completo las relaciones sexuales o bien teniendo relaciones sexuales desconectadas de los sentimientos, (sexo sin amor o cercanía)

FORMAS DE EVITAR LA INTIMIDAD EMOCIONAL EN LAS RELACIONES

Lo primero que quiero expresar en este punto es que el miedo a la intimidad emocional puede ser algo completamente inconsciente. Uno de los efectos del trauma emocional en las relaciones es negar nuestro propio deseo de conectar con los demás y hacernos íntimos. Esta es una forma de sentirnos más seguros y de no tener que enfrentarnos a revivir el dolor emocional que sentimos en el pasado al tratar de dar afecto en las relaciones.

A continuación, comento algunas de las estrategias que las personas utilizan para evitar la intimidad emocional:

  • Volverse muy normativos: las normas pueden ser un salvoconducto para evitar emociones. Mientras me aferro a lo que “debo hacer” no tengo que cuestionar mis sentimientos. Cuanto más identificado este con la norma menos capacidad tendré para sentir. Si soy un hombre y me han inculcado que “los hombres no lloran” entonces suprimiré mucho más fácilmente la tristeza en tanto que mi mente justifica que no es algo correcto. En este caso la mente con sus normas se vuelve la “carcelera” de las emociones.  Lo mismo sucede cada vez que juzgamos lo que los demás dicen o hacen en función de “correcto”. Cada vez que tenemos la verdad absoluta de las cosas es muy difícil que se pueda crear intimidad emocional.
  • Activar el modo defensa y lucha: otra forma de bloquear la intimidad emocional es anticipar el rechazo antes de que esté se produzca. De este modo se pueden tener inconscientemente reacciones de enfado hacia el otro cuando los otros tratan de ser íntimos. Recuerdo una persona en consulta que cada vez que había un momento de cercanía y cariño en la sesión solía contestar con un tono irritado y combativo.
  • Las “mascaras” y la deshonestidad interna: probablemente la estrategia más común que todos utilizamos para evitar la intimidad emocional sea la de mostrarse a los demás de una forma que no coincide con lo que realmente sentimos. Si bien este mecanismo puede ser muy adaptativo en muchas situaciones (como las laborales) cuando abusamos de esta estrategia en nuestras relaciones íntimas puede llegar a ser un verdadero distanciamiento emocional de los demás.  Nos convertimos en los personajes que hemos creado y jugamos un papel en la obra de teatro de la vida. Nuestros personajes pueden ser muy variados:   pretender ser buena y complaciente, ser una persona dura y hostil, o pretender se tímido y desvalido.  El problema de utilizar una máscara es que podemos llegar a identificarnos tanto con el personaje que nos desconectemos por completo de lo que realmente sentimos y que ni si quiera lo cuestionemos.
  • El control y la anticipación: los sentimientos son algo que sólo se puede sentir en el aquí y en el ahora. Es por ello que a través de la anticipación podemos escaparnos del momento presente y dejar de sentir.  Cuando estamos obsesionados imaginando los posibles resultados de una acción se corta el flujo de sentimientos. Si estas con alguien, pero tu cabeza está pensando en lo que va a decir es imposible que se pueda dar la intimidad con otra persona.
  • Racionalizar y justificar las emociones: la mente es experta en analizar y valorar aspectos positivos y negativos. Si bien es una poderosa herramienta en lo que se refiere a la intimidad emocional puede volverse un estorbo en tanto que no nos permite sentir. Muchas veces pensamos y pensamos con tal de no sentir las emociones, de forma casi automática podemos traducir los sentimientos a pensamientos. Si por ejemplo, una persona me hizo un comentario que me sentó me molestó, podría inmediatamente empezar a pensar “Claro, María me ha respondido así porque en el fondo está pasando una mala época por la separación con su marido”. De esta forma dejar de sentir la vivencia de enfado que se experimentó.
  • Intensidad y Adrenalina: La competitividad y plantearse toda la vida con objetivos puede ser otra forma de tratar de mantener la intimidad emocional a raya. La química interna del estrés puede bloquear los sentimientos haciéndonos insensibles a la intimidad emocional. Dejo aquí algunos ejemplos de este punto:
    • Ir apurados de tiempo y con prisas a todos lados,
    • Hacer muchas cosas a la vez
    • Estar solo enfocados hacia los resultados de los objetivos

 

  • Idealización, fantasía y perfeccionismo: a veces quedarnos soñando con bonitos escenarios para nuestra vida puede ser otra forma de cortar la intimidad emocional. Un ejemplo de esto podría ser la mujer que fantasea continuamente con la pareja perfecta pero cada vez que tiene una oportunidad con un hombre real acaba huyendo de la relación. En este caso la fantasía romántica se transforma en un refugio que permite a la persona esconderse para no tener que afrontar su miedo a la intimidad emocional.
  • La digitalización como medio de huida: las redes sociales y en general la comunicación a través de pantallas digitales puede ser una vía para evitar la intimidad emocional. El hecho de disponer de casi tantos canales para conocer a gente y la facilidad que tenemos para bloquear a alguien ha favorecido que las relaciones personales se hayan vuelto un medio de consumo. En este sentido las personas pasan a ser un “producto de compra” que valoramos con estrellas y likes. Esta forma de etiquetar, valorar y remplazar por otro “producto” apresuradamente no permite el compromiso suficiente para que se pueda dar la intimidad emocional. Por otro lado, los emoticonos, los GIFs y las fotos son vías a través de las cuales podemos eludir hablar de nuestros sentimientos

CONCLUSIÓN

El miedo a la intimidad emocional puede estar camuflado por la propia persona de múltiples formas. En mi opinión la nueva sociedad digitalizada representa un desafío todavía mayor para poder conectar genuinamente con otro ser humano.

Llegar a desarrollar una buena conexión en las relaciones implica identificar las formas en las que nos escondemos y explorar las vías para favorecer un encuentro humano más auténtico. Al final, el trayecto hacia la intimidad emocional con otros empieza ineludiblemente por la intimidad con uno mismo. Este es el camino pasa ser capaz de reconocer nuestros sentimientos y necesidades.

Empezar a comunicar nuestro verdadero SER resulta apasionante en tanto que implica aprender a sentirnos más vivos y aprender a amar a los demás de una forma más plena y genuina.

Si te apetece explorar este camino de desarrollo personal para reencontrarte contigo misma y con los demás pídeme una cita, estaré encantado de acompañarte.

 

Ignacio Parra

Psicólogo, terapeuta Gestalt y especialista en trauma neuroafectivo.

www.psicologomajadahonda.net

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