APEGO ANSIOSO EN LA PAREJA

apego ansioso en la pareja

¿QUE ES EL APEGO ANSIOSO EN LA PAREJA?

El apego ansioso ambivalente es una de las categorizaciones establecidas por los estudios del apego de John Bowlby. El apego ansioso es una forma de relacionarse basada en el miedo y la angustia ante la posibilidad de ser abandonado. En la relación de pareja implica una fuerte necesidad de recibir atención, reconocimiento y seguridad.

EL ORIGEN DEL APEGO ANSIOSO

El origen del apego ambivalente proviene de una figura cuidadora que estuvo muy ansiosa y preocupada en la educación. Son madres o padres que tienden a magnificar cualquier posible situación de riesgo para sus hijos. Estos padres suelen crear escenas dramáticas en torno a cualquier evento. Si el hijo tiene una caída, por ejemplo, el padre o la madre podrían gritar: “¡Qué horror, mira lo que has hecho!”, “¡Podrías haberte matado!”

Con este tipo de reacciones los padres insertan en el hijo dos mensajes subliminales:

  • La forma de amar a las personas implica preocupación, angustia y estar muy pendiente de la otra persona.
  • Explorar el mundo de una forma independiente es peligroso y pueden pasar cosas trágicas.

TIPOS DE APEGO ANSIOSO EN LA PAREJA

En general podemos observar una serie de rasgos que son comunes en el apego ansioso:

  • Suelen exaltarse y y verse muy afectados por cualquier situación concerniente a una posible separación de la pareja. Suelen pensar mucho en la pareja y basan su felicidad en el grado de seguridad que les aporta.
  • Expresan y demandan muestras de afecto constante.
  • Pueden volverse exigentes y poner a prueba el amor con tal de asegurarse que la otra persona les sigue queriendo.

Al margen de estas características comunes podemos observar algunas diferencias en función del tipo de apego ambivalente:

  • LA PAREJA DEPENDIENTE: busca constantemente el cuidado y la protección del otro miembro de la pareja. Esta persona aprendió en su infancia que cuanto más se quejaba y más inválido era, más afecto y atención recibía. Los niños entendieron inconscientemente que haciéndose pequeños y desvalidos ayudaban a su madre a calmar su necesidad de protección. Esto en los primeros años de vida era un beneficio mutuo en tanto que la madre podía aumentar su autoestima al sentirse con la situación bajo control, mientras que el hijo tendría una gran cantidad de atención cada vez que no supiera desenvolverse ante la vida.

 

  • LA PAREJA CUIDADORA: este caso es el contrario del anterior. Son personas que minimizan o niegan sus necesidades y que están totalmente volcadas en las necesidades de los demás.  Si miramos hacia el origen de esta situación vemos que los padres en este caso estaban tan ansiosos y sobrepasados, que cuando el niño tenía algún problema su forma de tratar de controlarlo era:
    • Quitarle importancia o minimizar lo que el niño hacia: “¡No llores que no ha sido nada…!”
    • Volcar en los niños toda la responsabilidad inyectando en ellos culpa o vergüenza.  “¡Me vas a matar de un susto un día de estos!”,” ¡Mira lo que le haces a tu madre, has sido un niño malo!”

Estos padres con un alto grado de agitación en el fondo trataban de regularse a ellos mismos frenando los impulsos de sus hijos.

CONSECUENCIAS DEL APEGO AMBIVALENTE EN LA PAREJA

Los niños que han tenido apego ansioso suelen tener una gran dificultad para mantener relaciones de pareja sanas. Existen dos rasgos principales que van a afectar negativamente a la construcción de una pareja estable tanto en el perfil dependiente como en el cuidador:

  • Tienden a anticipar constantemente la posibilidad de abandono. Estas personas tienden a recrear en sus mentes pensamientos catastrofistas donde su pareja los deja de querer, los deja o los traiciona.
  • Su forma de relacionarse está basada en el intento de control de la pareja. Tienden a híper reaccionar ante los cambios emocionales del otro. Se vuelven en este sentido personas muy preocupadas y están alerta para tratar de evitar la fantaseada separación. Pueden volverse muy instigadores hacia la pareja preguntándole con vehemencia. Crean un radar que trata de calmarse investigando o confrontando la situación.

Si ponemos un poco más detalle podemos observar algunas ligeras diferencias en función de cada tipo de apego ansioso:

  1. En el perfil dependiente la persona primero tratará de asegurar que la figura cuidadora sigue cuidándola y queriéndola: “¿Qué te pasa?” “Sé que te pasa algo, dímelo…”  Si la pareja entonces no termina de ofrecer la seguridad deseada, la persona dependiente podría autogenerarse enfermedades y trastornos psicosomáticos que pudieran alertar a la pareja para llamar su atención y reconquistar el control de nuevo.
  2. El perfil cuidador: en este caso la persona, igual que en el perfil dependiente, primero investigará la situación: “Te veo raro… ¿estás mal”? En este caso la persona en primera instancia tratará de hacerse cargo de las necesidades del otro de una forma más intensa, pudiendo incluso favorecer situaciones de dependencia de la pareja para boicotear su independencia.  Si la pareja sigue distante y se ven muy asustados por la posibilidad de abandono podrían volverse agresivos y retirar el afecto y los “favores ofrecidos” en un último intento de que la pareja recule y vuelva a la situación de “amor controlado”.
  3. Perfil mixto: sucede también que hay personas que alternan los dos anteriores perfiles siendo en ocasiones dependientes y en otras cuidadoras en función de diversas circunstancias.

 

CONCLUSIÓN Y RECOMENDACIONES PARA LAS PERSONAS CON APEGO ANSIOSO

El apego ambivalente genera un gran sufrimiento en las relaciones, especialmente en el contexto de la pareja.  Gran parte de esta dificultad es que estas personas aprendieron en su infancia que cuidar de uno mismo, o bien era difícil o bien era egoísta. Para recuperarse de este patrón de relación es esencial empezar un camino de autocuidado. Este proceso implica atravesar el miedo y el vértigo de sentir el vacío y la soledad al desprenderse (al menos parcialmente) de la obsesión con la pareja.  Para los dependientes implicaría dejar de buscar una figura protectora que les salve de su sentimiento de pequeñez. Para el perfil cuidador el desafío implica dejar de centrarse en las necesidades de su pareja y empezar a centrarse en primer lugar en las suyas propias.

En cualquiera de los dos casos este tránsito hacia la independencia implica sentir ciertas dosis de descontrol y de incomodidad. Me gusta llamar a esto un dolor de crecimiento necesario. Como psicólogo y psicoterapeuta mi trabajo consiste en invitar a las personas a que puedan realizar este tránsito de la forma más amable posible.  Esto implica apoyarles a tomar conciencia de los beneficios de otra forma de relacionarse: por un lado, que puedan sentir que no dependen del afecto o aprobación exterior en tanto que ya tienen el suyo propio. Por otro lado, que puedan empezar una exploración de la vida hacia pequeños retos personales que puedan reactivar sus capacidades, recursos y motivaciones más allá de la pareja.

Este camino no siempre es fácil (y lo digo también por experiencia propia). La intensidad y el dolor de la pérdida de una pareja puede ser totalmente incapacitante y llevarnos a la desesperación. Sin embargo, detrás de este gigantesco malestar se esconden los cimientos de la posibilidad de una nueva vida. Fruto de estas experiencias difíciles se puede gestar el deseo de vivir una vida más libre fruto del amor a uno mismo.

Si tienes cualquier duda o quieres que te apoye en este camino será un placer acompañarte…

 

Ignacio Parra

Psicólogo y terapeuta Gestalt y especialista en trauma neuroafectivo.

www.psicologomajadahonda,net

 

 

 

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