EL BLOQUEO EMOCIONAL Y LA EXPRESIÓN DE SENTIMIENTOS

Observo en mi trabajo como psicólogo que el mundo de los sentimientos a veces está muy reprimido y oculto dentro de las personas.

Hay pocos momentos en la vida en los que podamos comunicar la emocionalidad que sentimos sin pensar en las consecuencias, y normalmente andamos midiendo cómo le podrían afectar a nuestro interlocutor nuestras palabras.

Comunicar emociones supone exponerse a ciertas dosis de vulnerabilidad, y esto es algo que a mucha gente le asusta y le incomoda al poder interpretarse como sinónimos de debilidad, manipulación o sensiblería. Esto hace que incluso con las relaciones que son más íntimas nos cueste mostrarnos completamente. En ocasiones, sólo bajo circunstancias excepcionales como una enfermedad terminal o el fallecimiento de un ser querido, nos damos el permiso de expresar lo que realmente sentimos.

Este alejamiento emocional suele ser el fruto de tratar de adaptarnos a nuestro contexto familiar y cultural. Algunas personas, por circunstancias de gran dureza en la niñez, tuvieron que “madurar” de forma precipitada. Ésto les hizo tener que reprimir su esencialidad afectiva en lo más profundo de sus ser; tuvieron que asumir aceleradamente que el tiempo de expresarse y de jugar se había acabado; tenían que ser “adultos” serios y responsables.

Para estas personas la exposición a la afectividad puede ser aterradora al conectarlos con heridas del pasado como la humillación, el juicio y el rechazo. Este miedo hace que pongamos filtros que distorsionan el contenido de la emoción para así (desde nuestra percepción) hacerla adaptativa al medio y evitar riesgos.

Como consecuencia de ello llega un momento en el que no sólo ponemos filtros por miedo al juicio de los demás, sino que este mecanismo queda instalado dentro de nosotros por miedo a nuestro propio juicio. Aparece así un “juez” interno que nos evalúa y que, incluso estando solos, nos sigue recriminando y reprimiendo.

Las formas de filtrar y distorsionar nuestras emociones son múltiples. En función de la personalidad optamos por diferentes estrategias para camuflar la emoción. A continuación expongo algunas de estas vías:

 

  • Hablando de los sentimientos en pasado como algo ajeno a nosotros mismos y que no nos perteneciera. “Tuve una época un poco mala pero ya estoy bien…”.
  • Sustituyéndolos por otros “más positivos”, que pensamos que serán más apropiados al contexto. Por ejemplo, sentimientos que impliquen una actitud de éxito, fortaleza o resistencia.
  • Aumentando su intensidad y sobredimensionándolos a través de una historia fantástica. La persona en este caso puede “adornar” los sentimientos de forma que se vuelvan dramáticos o incluso poéticos.
  • Minimizando su intensidad o negándolos completamente como si no existieran. Una forma de negar los sentimientos es focalizarse exclusivamente en los sentimientos de la otra persona. Suele ser un clásico del Rol salvador y codependiente.

 

A través de estas estrategias las personas evitan tener que exponerse a los demás y, de esta forma, sentirse más seguras y protegidas. Cuando este mecanismo de alejamiento de las emociones se repite en el tiempo y se sofistica, queda automatizado en la persona cronificándose. Como consecuencia de ello, llega un momento en que la persona tiene dificultad para identificar cuáles son sus verdaderos sentimientos, o simplemente se sienten incapaces de sentir. Así pues, aprenden a vivir con una afectividad disminuida, distorsionada o reprimida por ellos mism@s.

La capacidad de vivir y saber expresar de forma auténtica los sentimientos, en mi opinión, es la gran llave para acercarnos a nosotros mismos y a los demás. Los sentimientos, ya sean más o menos agradables, se vuelven valiosos mensajeros que nos avisan de nuestras necesidades en cada momento.

La clave, para mi, está en cómo restablecer el contacto con las emociones de forma que podamos aprender de ellas sin distorsionarlas, dejarnos arrastrar por ellas o reprimirlas. Si se ha estado mucho tiempo desentrenado en este contacto con las emociones es necesario que la aproximación sea lenta y progresiva. Se trata de un trabajo de paciencia, aceptación y grandes dosis de compasión por uno mism@.

Estar en contacto con la afectividad mientras sucede implica una conexión con el presente en tanto que la emoción se revela momento a momento. Hablar desde este lugar aumenta exponencialmente la capacidad de conmovernos, tanto a nosotros mismos como a los demás, pero también supone un riesgo mucho mayor para la persona.

Y claro.con todo lo expuesto, ¿cómo conciliar la capacidad de volver a mostrar nuestra afectividad más abiertamente sin pensar que el mundo nos va a despedazar con sus juicios?.

¡¡¡Estamos hablando del arte de manifestarnos sin morir en el intento¡¡¡. Indudablemente me doy cuenta de que, si bien mostrarse al mundo puede ser una experiencia maravillosa, también puede ser un acto kamikaze que nos genere innumerables problemas. Tan loco es no mostrarse jamás en la vida como mostrase en lugares, momentos y ante personas inadecuad@s.

 

Esta “aventura” del compartir la afectividad es tanto más intensa cuanto más estemos en contacto con la emoción. Para llevar a cabo esta exposición hacia los demás se requiere primero de un cierto entrenamiento en haber recorrido uno mismo las diferentes sendas de la emoción en un entorno seguro.

A medida que se va haciendo este recorrido personal vamos perdiendo el miedo a mostrarnos, en tanto que hemos aprendido a validar nuestro mundo emocional.

Hoy en día, tras años de acompañamiento terapéutico a mí mismo y a otros, me doy cuenta de que inconscientemente guardamos muy escondido en nuestro interior el deseo de volver a reencontrarnos con la frescura emocional de nuestra infancia; de cuánto nos gustaría volver a jugar con la vida y expresar más espontáneamente lo que sentimos. Observo también que si nos atrevemos a bucear un poco hacia esa afectividad esencial de la infancia, ésta sigue disponible debajo de nuestras armaduras, clamando por manifestarse al mundo.

SI bien no hay una fórmula única para “salir del armario” de nuestros filtros y roles sociales, si existe la posibilidad de iniciar un camino de reconexión con nosotros mismos. Es como un viaje para volver a creer en aquello que se enterró mucho tiempo atrás; pero esta vez dándonos el permiso para mostrarnos, no solo a través de nuestro rol de adulto, sino también integrando la viveza afectiva de nuestra niñez.

Me encantaría decir que todo esto se hace de forma fácil y rápida pero no siempre es así… En mi experiencia y la de otros que acompaño, siempre hay un vértigo y resistencia en el proceso,  por loque es importante respetar el ritmo de cada un@. Poco a poco, si somos pacientes y escuchamos los susurros de nuestra afectividad, vamos ganando la confianza de que sí es posible este reencuentro afectivo. El regalo que esto supone a la larga, en mi experiencia, no tiene precio.

Ignacio Parra Viudes.

Psicólogo y Terapeuta Gestalt. Nº Colegiado 23109
www.psicologomajadahonda.net

Psicólogos Majadahonda

 

 

4 comentarios de “EL BLOQUEO EMOCIONAL Y LA EXPRESIÓN DE SENTIMIENTOS

  1. Avatar
    Adriana Alegría dice:

    Me ha encantado el tema, que es algo tan común y cierto. Cómo cuesta liberarse de tantos bloqueos y salidas falsas para poder relacionarnos con los demás y poder sentir esa libertad tan necesaria, y poder expresar nuestras emociones y sentimientos, lo peor es que el tiempo y la vida se va en estar “cuidándonos” de los demás…. Quisiera tener la orientación y herramientas necesarias para aprender a disfrutar de esa aventura llamada vida, con todos sus matices, sin bloqueos innecesarios. Gracias licenciado Ignacio Parra.

    • Ignacio Parra
      Ignacio Parra dice:

      ¡¡Muchas gracias por tus comentarios Adriana!!. Para mí es todo un arte el pasar de estar “cuidándonos” de los demás a decidir cuidar de nosotros mismos. Ir aprendiendo este autocuidado es una aventura llena de posibilidades que se amplia a medida que vamos practicando.

  2. Avatar
    william dice:

    la “armadura” es una convención que también como todo en la vida se hace vieja pero se olvida a menudo adoptar otra, porque se teme o se ama la que llevamos encima, en este último caso termina por dejar su impronta en el modo como se actúa, piensa y sueña, entonces el corazón se marchita y los sentimientos se endurecen hasta robotizar la vida misma, se genera una resistencia a la asunción de los cambios convenientes a nuevas adaptaciones, estos sujetos se reconocen porque fácilmente se puede adivinar o anticipar a lo que van a decir…

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