COMO APRENDER A PONER LÍMITES

Como aprender a poner límites. Psicólogo Majadahonda. Ignacio Parra

¿QUE SIGNIFICA PONER LÍMITES?

Los límites son una expresión de nuestro autocuidado. Es la vía concreta a través de la cual impedimos que cualquier agente interno o externo pueda interferir con nuestro bienestar. Los límites pueden proteger múltiples facetas de nuestra vida. Podemos proteger nuestro cuerpo de una agresión física, nuestros sentimientos ante una agresión verbal, las opiniones que tenemos frente a otros, etc.

CUAL ES LA IMPORTANCIA DE LOS LÍMITES

Los límites son los guardianes de cuidar aquello que es valioso en nuestra vida. Cuando una persona tiene buenos límites significa que es capaz de proteger las cosas que son importantes para ella.

La importancia de los límites radica en que permiten dar una señal al exterior de nuestra identidad y posicionamiento frente a las cosas. Si comunicamos bien nuestros límites estamos facilitando que las demás personas puedan entender nuestras motivaciones e intereses en la vida.

Los límites simbólicamente son como un “manual de instrucciones” sobre nuestra personalidad. Cuanto más definido esté el manual, más sencillo será para las demás personas saber cómo relacionarse con nosotros.

DIFICULTADES A LA HORA DE PONER LÍMITES:

Poner límites es un arte a veces complicado. La influencia de nuestra cultura y el entorno familiar pueden dificultar mucho la posibilidad de poner límites. En algunos entornos poner límites puede tener grandes consecuencias negativas. A continuación, describo brevemente algunos de los principales factores que nos interfieren negativamente a la hora de poner límites.

EL MIEDO AL CONFLICTO: un factor muy frecuente a la hora de poner límites es el miedo a una separación o distanciamiento de la otra persona. Cuando el tipo de afecto que recibimos en nuestra vida fue un amor condicional, poner un límite puede conectarnos con mucha angustia. El temor a decepcionar a los demás puede ser tan grande que nos neguemos la posibilidad de poner un límite: “Si me muestro tal y como soy la persona me dejará de querer”.

En este caso la persona prefiere complacer y no enfrentarse a la posibilidad de perder la relación o exponerse al rechazo del otro.

LA ASOCIACIÓN AL EGOISMO: muchas veces defender y cuidar de uno mismo se vive como una forma de egoísmo. A veces desde una cultura judeocristiana se ha ensalzado el sacrificio personal y la entrega a los demás por encima de las propias necesidades. Hay culturas familiares en las que hay un mandato interno del tipo: “Estar pendiente de uno mismo está mal, hay que pensar en los demás”. Indudablemente esta forma de pensar crea mucho conflicto interno a la hora de plantearse poner un límite.

LA BAJA AUTOESTIMA: Uno de los problemas básicos que surgen a la hora de poner límites es que podemos sentimos pequeños, inseguros o indignos para reclamar nuestras necesidades. Esta sensación de falta de autoridad interna puede desembocar a veces en que acabemos diciendo SÍ, cuando en realidad queríamos decir NO o viceversa.  En este caso la persona podría acabar pensando que sus necesidades no son importantes y no serán atendidas. La persona se resigna a que las cosas cambien en tanto que anticipa que no será escuchado o tenido en cuenta.

LA ASOCIACIÓN DE PONER LÍMITES CON SER AGRESIVO: uno de los pensamientos más comunes es asociar a la persona que pone límites con un carácter duro, antipático o con tendencia al enfado. En este sentido poner límites puede generar el temor a ser mal visto por parecer desconsiderado con las necesidades de los demás.

COMO APRENDER A PONER LÍMITES

La acción de poner límites en mi opinión va más allá de practicar una técnica concreta. Se trata de un viaje de autoconocimiento hacia nuestro interior. A través de una investigación personal aprendemos a discriminar aquello que nos causa malestar de lo que nos aporta satisfacción para nuestra vida.

Como comentábamos antes, uno de los mayores miedos a la hora de poner límites es la posibilidad de que las relaciones se resientan o acaben. Paradójicamente, el hecho de no poner límites, es lo que muchas veces acaba por romper las relaciones. Cada vez que no expresamos un límite, más tarde o más temprano, acabamos distanciándonos o resintiéndonos con la otra persona. Muchas veces culpamos al otro por el malestar que sentimos, cuando en realidad fuimos nosotros los que no fuimos capaces de poner un límite.

Los siguientes ejercicios prácticos son de gran ayuda a la hora de aprender a poner límites:

IDENTIFICAR LAS NECESIDADES QUE QUIERO CUIDAR: los límites son las barreras protectoras que guardan aquello que es importante para nosotros. Este punto es fundamental en tanto que nos lleva a la pregunta básica de: ¿Qué es importante para mí en la vida?

Cuanto más intensamente nos sintamos vinculados con nuestros valores, mayor será la firmeza con la que querremos defender nuestros límites.

Como un inicio a la hora de trabajar con los límites estaría bien empezar por hacer un listado de todos aquellos valores que son importantes para nosotros. Empezar por los temas más relevantes, para luego ir delimitando aquellos que ocupan un menor grado de importancia. Como ejemplo, algunos de los aspectos que podríamos poner serían: el cuidado de nuestro cuerpo, la limpieza de nuestra casa, la conexión con nuestros hijos o pareja, etc. Este primer ejercicio nos dará una fotografía de aquello de lo que queremos cuidar.

CONECTAR CON LAS CONSECUENCIAS DE NO PONER LÍMITES: Tomarse un tiempo para valorar el impacto de no poner límites es una forma de concienciarnos para luego pasar a la acción.

¿Qué consecuencias tiene para nosotros que se salten nuestros límites en un área concreta? Las consecuencias negativas para nuestra vida pueden ser múltiples: físicas, emocionales, económicas, relacionales, sexuales, espirituales, etc

Tomando conciencia del dolor que nos autoinfligimos cada vez que no ponemos un límite, podemos estar cada vez más dispuestos a ponerle freno. El malestar en este sentido puede ser un potente motivador para crear un compromiso de cuidado con nosotros mismos.

HABLAR EN PRIMERA PERSONA SIN JUZGAR AL OTRO: a la hora de comunicar un límite, un aspecto clave para minimizar el riesgo de dañar una relación, es hablar de nosotros mismos.  Asumir nuestra responsabilidad en la expresión del límite, significa reconocer nuestros sentimientos y necesidades, en vez de culpar a la situación externa por ser errónea. Normalmente, cuando somos capaces de expresar en primera persona nuestros sentimientos y necesidades sin juzgar al otro, tenemos muchas más probabilidades de que la otra persona pueda estar abierta a escucharnos.

LIMITES PRIORITARIOS Y SECUNDARIOS: en la vida siempre hay múltiples circunstancias que no nos terminan de agradar. Es por ello que es valioso diferenciar cuáles son las “batallas” que realmente nos merecen la pena y cuáles no. Un ejercicio muy práctico para trabajar este punto es determinar cuál es el grado de tolerancia que estamos dispuestos a aguantar. Podríamos hacer listas en tres grupos en función de su nivel de importancia.

  • ZONA ROJA: Aquellos aspectos de nuestra vida con un nivel de tolerancia “0” (en los que no estamos dispuestos a dar ninguna concesión).
  • ZONA NARANJA: Aquellos en los que podríamos transigir algunas veces en función de las circunstancias.
  • ZONA VERDE: esos lugares de nuestra vida donde apenas nos afectan y en los que no tenemos tanta necesidad de poner límites.

EL LÍMITE COMO UNA EXPRESIÓN DE CUIDADO E INTIMIDAD: cuando podemos concebir el límite como una muestra de honestidad y del cuidado que queremos darle a una relación, nuestra visión puede cambiar radicalmente. El límite se puede convertir en una oportunidad para fomentar la intimidad en las relaciones. En este sentido, es muy valioso cuando ponemos un límite poder comunicar a la otra persona los valores que son importantes para nosotros detrás del límite. Más allá del límite en sí mismo, es importante que podamos conectar con la otra persona; que podamos hacerla participe de nuestro mundo y de nuestro deseo de tener una relación armónica.

Cuando la otra persona comprende y empatiza con nuestras necesidades le resulta muy sencillo y natural poder acoger nuestro límite sin sentirse ofendida.

Si tuviera que remarcar un punto de todo este artículo, lo resumiría en que los límites son una gran oportunidad para crear intimidad en nuestras relaciones. En la medida en que fomentamos un clima seguro para comunicar nuestros valores y necesidades, vamos encontrando mayor libertad y plenitud.

 

Ignacio Parra

Psicólogo y Psicoterapeuta Gestalt

www.psicologomajadahonda.net

 

 

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