El miedo al conflicto

El miedo al conflicto

¿POR QUÉ TENGO MIEDO AL CONFLICTO?

En mi experiencia como psicoterapeuta, algo que me encuentro como un tema muy recurrente en la consulta, es el miedo al enfrentamiento y al conflicto en las relaciones personales. Frases como las siguientes surgen continuamente durante las sesiones: “Tengo miedo a decir que no”, “No me atrevo a decirle nada por no hacerle daño”, “Si le digo que no me apetece se va a enfadar…

En estos casos decir lo que se piensa y se siente genera tal dosis de ansiedad y malestar que se prefiere renunciar a expresar lo que realmente se quería decir con tal de no pasar el mal trago. Es decir, con tal de evitar el conflicto.

La raíz de este bloqueo en las relaciones es más compleja y dificultosa de lo que puede parecer a priori y suele estar encubriendo un conflicto interno más profundo.

Es común que aunque racionalmente la persona pueda entender perfectamente lo conveniente de poner límites y decir lo que se piensa, en la práctica no pueda evitar sentirse incapaz y toparse con sentimientos de culpabilidad, vergüenza y miedo.

¿Dónde se gesta el origen de dichas dificultades?

Para entender este conflicto es necesario explorar la infancia de la persona y la forma en que se crearon los primeros vínculos afectivos. En este caso, como en muchas otras psicopatologías que encuentro en terapia, suele aparecer un miedo muy primario y temprano a carecer de una fuente segura de amor, cariño y reconocimiento. Cuando se bucea en el pasado de estas personas es muy frecuente encontrar que recibieron un afecto muy condicionado al acatamiento de normas y a llenar las expectativas paternales. En este contexto el niño aprende un tipo de vinculación afectiva que se define desde lo condicional,  algo así como“Te doy mi amor si a cambio eres lo que yo espero de ti”

En este intercambio de afecto el niño busca ser “bueno” y cumplir los deseos paternales para ser recompensado con afecto; pero más importante que esto, es que empieza a generar una angustia y ansiedad a la posibilidad de ser “malo”; es decir, a no llegar a cumplir la expectativas paternales. El niño interioriza en lo más profundo de su SER una amenaza latente a la retirada de afecto y al abandono cuando no se ajusta a lo que se espera de él.

Entre estos premios y castigos el niño va aprendiendo que para no perder “el amor” y ser abandonado es necesario complacer a esta autoridad externa; aprende así a priorizar las necesidades y expectativas de la figura de seguridad por encima de las suyas propias. A través de este modelo de relación, la confianza del infante se construye no tanto en base a lo que siente y experimenta por si mismo, sino en base a su capacidad de satisfacer las necesidades y demandas del otro.

A medida que la persona se va haciendo adulta este miedo básico a ser abandonada permanece de forma inconsciente en su interior y repercute en la forma en la que se relaciona con los demás.

Estas personas tienden a adoptar un rol modélico en la vida, en el que priorizan llevarse bien con los demás. Suelen preocuparse mucho por la imagen social que dan de sí mismas y tienen una fuerte sensibilidad a la evaluación, lo que les ocasiona mucha ansiedad y temor a cometer errores.

Aunque no siempre son conscientes de ello poseen un carácter muy perfeccionista, marcado por la presencia de fuertes ideales y valores hacia la vida. A veces con ciertas reminiscencias judeocristianas, en general tratan de hacer “el bien” en todas sus relaciones.

Fruto de este rol que adoptan en la vida, cuando aparece un posible conflicto con alguna persona significativa, se busca por encima de todo que se resuelva de la forma 
más armoniosa y “bondadosa” posible; esto supone inevitablemente que deben ceder y renunciar a sus propias necesidades para que pueda existir el aspiracional estado de armonía, (y en última instancia, que el otro no se enfade con ellos y los abandone).

Esta pauta de relación puede generar frustración y enfado en la persona, sin embargo, este sentimiento de rabia es desactivado internamente al poner en peligro la necesidad prioritaria de mantener la “armonía” con el otro. Sus emociones y sentimientos son tapados y anestesiados para no tener sentimientos de ira hacia los demás.

Este mecanismo de evitación puede funcionar bien un tiempo, pero tarde o temprano la frustración y la rabia acumuladas llegan a un punto difícilmente soportable. Como si de una olla a presión se tratase, el malestar interno necesita una vía de escape. En estos casos pueden suceder dos cosas: que la persona exprese el malestar interno desde la somatización, en cuyo caso la persona empieza a tener problemas de salud recurrentes, o bien desde estallidos de rabia violentos contra las personas más cercanas. En este segundo caso, cuando la persona pierde el control y se desata su enfado, puede arremeter de forma muy agresiva contra los demás dañando el vínculo de relación con la otra persona. Este tipo de comportamientos además de generar una fuerte culpabilidad pueden reforzar la creencia en la persona de que los demás la abandonaran si expresa lo que lleva dentro, fortaleciéndose aún más el círculo vicioso de complacencia.

Bajo la máscara de pretender ser una persona modélica, digna y respetuosa existe en estos individuos una estrategia inconsciente de protegerse de su miedo básico a ser abandonado y a carecer de la figura de amor. Este comportamiento de ceder siempre a los demás, cuando es reiterado mucho en el tiempo va haciendo que la persona se vaya distanciando de sí misma y de la capacidad de identificar sus propios sentimientos y necesidades. Lentamente se va desconectando del contacto con su experiencia y de su ser más auténtico.

En su estado más grave, es decir, cuando existe un continuo plegarse a las necesidades de los demás desemboca en una completa dependencia de los criterios del otro. La persona deja de existir para convertirse en una réplica de lo que se espera de ella. Las consecuencias de esta “traición” a si misma son múltiples: dificultad para tomar decisiones, baja autoestima, ansiedad, depresión, sensación de falta de libertad….

La tragedia de estas personas es que al tratar de ser “perfectas” para ser queridas y que no las abandonen, pueden fomentar precisamente aquello que pretendían evitar: el temido abandono. En otras ocasiones pueden acabar en relaciones destructivas a través de la dependencia y el maltrato. Llegan a soportar lo inimaginable antes de poderse apartar de la figura de “seguridad”.

Es a veces en este momento, después de grandes pérdidas, de una ansiedad desbordante o de claros síntomas de depresión cuando estas personas se deciden a pedir ayuda profesional.

El trabajo terapéutico en estos casos consiste fundamentalmente en que la persona pueda volver a reconectar con sus propios sentimientos y experiencias. La labor del terapeuta consiste en facilitar que la persona vuelva a confiar en sí misma y que recupere sus propias capacidades y recursos.

La persona encuentra así su SER más auténtico más allá de las expectativas externas.

El camino hacia este objetivo no siempre es fácil. A veces supone un tránsito lento y escurridizo en la consulta. El paciente en este caso tiene que ir arriesgándose a ir soltando todas aquellas “caretas” que le servían para agradar a los demás, (incluido el terapeuta). Es un proceso a veces en el que la persona debe ir atravesando su miedo al abandono y a no cumplir con los mandatos y expectativas externas.

Este volver a creer en sí misma por encima de los demás, en el fondo, supone un cuestionamiento profundo de todas aquellas “verdades” que se habían dado por buenas en la vida. Supone un continuo abandono de los falsos ideales que la persona se había “tragado” para erigir unos nuevos valores más coherentes con su verdadero sentir.

Es en conclusión, es necesario que la persona se atreva a mirar al mundo, pero esta vez desde un lugar más auténtico donde mire con sus propios ojos y donde por fin se sienta libre.

Ignacio Parra Viudes
Psicólogo y Terapeuta Gestalt
Nº Colegiado 23109

Psicólogos Majadahonda

Home

17 comentarios de “El miedo al conflicto

  1. Avatar
    Angelo dice:

    Hola, pueden haber otras razones en la infancia, no solo el miedo a perder el afecto o a ser “malo”. En mi caso era el miedo a respuestas violentas incluso golpes, de los compañeros de escuela, en este sentido el bullyng, como una causa para no entrar en conflictos y optar por aislarme socialmente del grupo.

    Todo lo anterior lo deduje a partir de tu aporte, muchas gracias por compartir tu experiencia. Espero que mis comentarios también contribuyan en algo.
    Saludos.

  2. Avatar
    Laura dice:

    Me identifico muchísimo con este miedo. Sin embargo, creo que hace falta decir que existe un mecanismo adicional. La incapacidad para expresar desacuerdo, o la necesidad de ocultar el fracaso frente a determinadas expectativas, me ha llevado numerosas veces a mentir frente a mis relaciones personales y a diversas situaciones. He observado también que llegado un punto se genera una pérdida de la motivación propia a explorar nuevas experiencias, a generar nuevos vínculos e incluso a tener deseos propios.

  3. Avatar
    sergio dice:

    es justamente lo que estaba buscando, me ha venido muy bien saber de donde viene este tipo de miedo, me parece importante el “porqué”. Cambiarlo ya debe ser otra cosa, pero teniendo una base en lugar de ir dando tumbos, es algo ganado. Gracias por compartir el articulo.

  4. Avatar
    DAVID dice:

    Me identifico completamente con lo expresado en el artículo. Llevo tiempo luchando con ello, con ayuda psicológica, Pero me está costando y mucho, aunque nunca pierdo la esperanza.
    Gracias por el artículo, describe tantas cosas al detalle de mi personalidad que al etiquetarlo me hace sentir que no es algo tan raro, y al hacerse más tangible siento que se puede mejorar.

  5. Avatar
    Alejandro dice:

    Y cuál sería el objetivo una vez que la persona “se da cuenta” de su problema y lo reconoce? Tiene que comenzar a enfrenar gente, a discutir, a ponerse por encima de los demás para así ir ganando confianza?
    Gracias por el artículo, me sirve mucho en mi búsqueda personal, aunque hay cosas que todavía no me cierran en cuanto a la solución de este conflicto interno.
    Saludos!!

    • Ignacio Parra
      Ignacio Parra dice:

      Gracias por tu comentario y perdona responderte tan tarde. El darse cuenta es un proceso complejo y que tiene diferentes niveles de profundidad. Para mi lo importante es que se produzca un cambio a nivel orgánico en el cuerpo. Si no se produce un cambio corporal además de intelectual no servirá de nada ese darse cuenta…

  6. Avatar
    Pablo dice:

    Hola Ignacio realmente me describirse todo tal cual me encantaría poder conocerte , sufro mucho en el día a dia. Muchas gracias

  7. Avatar
    Maria dice:

    Me identifico con este problema. Estoy empezando a ser consciente de él y de las consecuencias que trae consigo. A que te refieres Ignacio exactamente con que debe producirse un cambio corporal? yo llevo muchos años intentando agradar a todo el mundo, y lo peor es que he estado ocultandomelo incluso a mi misma. Muchas gracias por tu post. Nos ayuda a muchos.

    • Ignacio Parra
      Ignacio Parra dice:

      Gracias María por tu comentario. Cuando existe un miedo reiterativo en las relaciones el cuerpo genera una reacción de contracción que con el tiempo llega a automatizarse. Ir tomando conciencia de estas tensiones musculares es un trabajo importante de cara a transformar el patrón de conducta.

  8. Avatar
    Alejandra dice:

    En mi caso estoy sufriendo ataques en los que cada vez que una persona se me enfrenta, mi visión se vuelve borrosa, siento asfixia, presion en el pecho, tiemblo y finalmente rompo en un llanto incontrolable. Luego de finalizado el ataque siento unas ganas inmensas de no poder continuar con mi vida y querer morir. No se si este relacionado con esto, pero realmente me sentí identificada con algunas cosas del articulo y donde estoy no tengo acceso a un psicólogo. Estoy desesperada.

  9. Avatar
    Antonio dice:

    No se que tiempo tenga este artículo, pero es un reflejo fiel de lo que me está pasando y no tenía idea del porqué. Tocará buscar ayuda profesional por que he llegado al punto de que mi frustración me lleva a explotar con quien no debo, que son mi esposa y mis hijos, los más cercanos. Tiene mucha razón con eso del amor condicionado. En mi caso era portarme bien, hacer todo lo que se me ordenaba sin quejarme o maltrato físico y verbal.

  10. Avatar
    Gonzalez dice:

    Yo me crie con una madre bastante narcisista y con un tremedo odio por mi padre…..comunmente me culpaba de todo su infierno, siempre se victimizaba, todo lo que no le parecia lo expresaba como una ofenza, buscaba la manera de que yo tuviera muchos miedos irracionales

    • Ignacio Parra
      Ignacio Parra dice:

      Muchas gracias por tu testimonio David. El narcisismo en los padres es un tema recurrente que aparece en mi consulta de psicólogo. No es fácil el poder integrar y comprender como fuimos utilizados como niños.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× Whatsapp