PRACTICAS PARA LA CONEXIÓN EN LAS RELACIONES: Etiquetas y juicios como tóxico del encuentro

Uno de los errores más frecuentes y difíciles de manejar en las relaciones es la tendencia a etiquetar. Cuando etiquetamos algo, ya sea a nosotros mismos o a los demás estamos encorsetando la realidad. Internamente nos decimos. Esta es la realidad de la otra persona.

El problema de las etiquetas es que son estáticas. Cuando etiquetamos a alguien existe una fuerte predilección en nosotros a percibir solo la experiencia que encaja con esa etiqueta que hemos puesto. De alguna forma nuestra psique manda un mensaje que anticipa como se va a comportar el otro. Igual que dice el viejo refrán  “cría fama y échate a dormir” las etiquetas nos impiden ver al otro en toda su totalidad.

Para acercarnos al otro y poder conectar necesitamos deshacernos de los conceptos y etiquetas que hemos creado sobre el otro. Esta forma “limpia” de mirar al otro crea un nuevo marco de relación. Es sorprendente como las personas realmente empiezan a cambiar cuando nuestra mirada sobre ellas cambia. De alguna forma, a nivel profundo, cuando no judgamos a otra persona le estamos dando el permiso de SER; le dejamos libre de exigencias y expectativas.  Esto por supuesto no significa que debamos permanecer impasibles ante una agresión.  Si el otro nos hace daño es necesario poner un límite o explorar vías de negociación.

En cualquiera de los caso,  culpar o etiquetar  el comportamiento no te ayudará ni a ti ni al otro a crecer en la relación.

En la filosofía Zen hablan de un concepto que se llama, “Mente de principiante”. Este concepto habla de mantener una actitud de curiosidad, apertura y humildad ante las personas. Se trata de posicionarse frente a las relaciones renunciando a nuestros viejos juicios, creencias y expectativas sobre el otro . Mirar a alguien desde este lugar  permite que nos podamos sorprender y captar detalles que de otra forma pasarían inadvertidos del otro. Esta perspectiva es una invitación a soltar la falsa creencia de que lo sabemos todo sobre alguien. De hecho, mi experiencia es que no sabemos todo de nada. ¡!Ni siquiera de nosotros mismos¡¡¡. Generalizaciones como: “Todo”, “nada”, “nunca”, “siempre” en mi opinión deberían desaparecer de la comunicación en las relaciones.

Cuando etiquetamos al otro negativamente en el fondo estamos tratando de controlar la realidad. Internamente, en nuestras mentes sacamos cálculos y hacemos un pronóstico en forma de juicio de quien es el otro y como se comportará. Este estilo  de pensamiento en el fondo está basado en el miedo como una forma de protegerse de futuros imprevistos ante el otro.

Lo revolucionario de todo el asunto es que en realidad nunca tenemos la necesidad de etiquetar. Si nos ceñimos a la realidad de lo que ha hecho el otro no necesitamos judgarle, culparle o hacer ningún tipo de pronostico futuro de control.

Pongamos el ejemplo de una relación en la que una mujer está muy descontenta con su pareja en tanto que no le da muestra de afectividad y le dice: Juan, eres muy poco cariñoso o “Juan eres un parado y un aburrido”.

Fijaos la diferencia de cómo suena si le hubiera dicho; :  “Juan, las últimas tres semanas no me has dado ningún beso y ningún  abrazo…”. En el segundo caso se está limitando a hacer una descripción de la realidad sin hacer juicios de valor con lo que se reducen las posibilidades de que la otra persona pueda reaccionar defensivamente. Por supuesto luego quedaría expresar a la otra persona los sentimientos y necesidades pero eso lo dejamos para el siguiente capítulo.

A continuación, vamos a ver como trabajar con los juicios internos, que es la clave para luego comunicarnos desde otro lugar.

Ejercicio práctico: 

Cuando te sientas molesto o irritado por la presencia de una persona que te importa y quieras profundizar en la relación, párate antes de reaccionar de la forma habitual.

Tomate un tiempo alejado de distracciones  para poder explorar la situación que te ha disparado. Al principio es aconsejable que cuentes con al menos veinte minutos, aunque luego podrás hacer el proceso más automáticamente. Es también recomendable empezar por situaciones de intensidad leve o moderada. Si coges papel y bolígrafo probablemente  te ayudará a ir más lejos en la exploración.

  1. Identificar los juicios: ¿Que pensamientos me vienen sobre esta persona?. Déjate explayar sin filtros todas las opiniones que te vengan. En esta fase se trata de poder sacar a la superficie todas las creencias, juicios, valoraciones y etiquetas que tenemos sobre el otro.
  2. “Chequeo” de Sensaciones corporales: Déjate sentir la sensación en el cuerpo. Normalmente cada vez que juzgamos nuestro cuerpo tiene lo refleja en alguna ligera contracción, ya sea en la mandíbula, la espalda, las sienes, el estómago, el pecho…
  3. Traducción a hechos: trata de traducir tus pensamientos a los hechos concretos y objetivos que has observado en la persona como si lo grabara una cámara de vídeo.
  4. Acto de despersonalización: toma un momento para distanciarte de tu perspectiva,  recordando que todo lo que piensas, aunque tengas muchas posibilidades de tener razón ( o sientas que la tienes toda),   no es la verdad completa ni absoluta sobre esta persona. ¿Me puedo imaginar como me  sentiría hacia esta persona si lo que pienso sobre ella no fuera verdad totalmente?.
  5. Apetura corporal: déjate sentir el cuerpo con esta nueva perspectiva del otro,  toma conciencia. Deja que entre la respiración con la actitud interna de abrir espacio en tu cuerpo. Normalmente cuando soltamos (al menos en parte) el juicio sobre el otro, también nuestro cuerpo se afloja un poco.
  6. Integracion corporal: toma conciencia del otro integrando tus sensaciones corporales “aflojadas”. Normalmente la carga de resentimiento ha disminuido, aunque muchas veces hay que ir repitiendo el proceso.

 

Es necesario tener en cuenta que muchos juicios esta grabados durante muchos años y pueden tardar mucho tiempo en ir aflojándose.  Cuando hay mucha resistencia para ver al otro desde una perspectiva más amplia puedo preguntarme. Que beneficio obtengo de seguir viendo al otro de la misma forma. ¿Que es aquello que no estoy dispuesto a soltar del otro?¿Que temo que pase si empezara a ver al otro desde una óptica más abierta? ¿De que me estoy protegiendo?

En cualquier caso,  con la relaciones más estrechas, como familiares y parejas puede ser necesario tener una ayuda externa. Esto se debe a que ciertos resentimientos  se gestaron en las épocas de nuestra infancia y pueden ser difícilmente accesibles.

Ignacio Parra Viudes.

Psicólogo y Terapeuta Gestalt. Nº Colegiado 23109
www.psicologomajadahonda.net

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